jueves, 7 de mayo de 2015

Infierno habitado


Infierno habitado para Cosas que siento


A finales del curso pasado, mi querida amiga Rita, una persona de la que hablaré más en este blog, me pidió que escribiera algo para el suyo. Ella sabía que llevo años resistiéndome a escribir algo más allá de mis exámenes o de escritos relacionados con mi trabajo: memorias, programaciones, informes... La Literatura me impone y me maravilla la gente que escribe poemas, cuentos, novelas... A día de hoy sigo en mi debate interno, pero en julio pasado no podía rechazar el pañuelo que me lanzó Rita..., y escribí un cuento. Os dejo aquí el enlace a mi Infierno habitado de su blog, el único lugar donde estaba publicado..., y donde quiero que siga. 

Lo que sí me he traído aquí ha sido la foto del Retiro de Madrid que ella eligió para ilustrar mi relato.

Hasta la próxima. :-)

sábado, 27 de diciembre de 2014

Mis motivaciones para volver a estudiar


alumno;  enseñanza;  estudiante;  estudiar;  libro
Volver a estudiar

Buenas tardes, Luis.


Te escribo estas líneas con el fin de transmitirte mis motivaciones y, en definitiva, lo que ha hecho que hoy seas mi profesor y yo tu alumno. También a través de estas oraciones, por qué no, quiero que sepas algo más de mí.

Dejé los estudios en el 2006. No quería estudiar, era un niño y mi cabeza todavía no me permitía valorar la oportunidad que se me estaba dando. Sentía la necesidad y el entusiasmo de querer hacerme "mayor", una persona de provecho y, personalmente, hacerme sentir útil. Tenía muy claro que mi sitio no era estar sentado en un pupitre de instituto, en fila de a dos, prestando atención casi constante, escuchando cómo una persona intentaba transmitirme unos conocimientos que no consideraba interesantes, ni me importaban, ni pensaba que me fuesen a importar nunca. Tenía muy claro lo que quería: trabajar y costearme mis caprichos sin tener que depender de nadie.

Curiosamente, mi primer trabajo me entusiasmaba. A las seis de la mañana, cogía un tren directo a Guadalajara; después, un autobús y, por último, una caminata de media hora hasta mi puesto de trabajo. A las ocho de la mañana, vestido con mono de obra, ese niño rebelde de instituto, irritante para la mayoría de alumnos y, me atrevería a decir que, para más de uno y de dos docentes, estaba cumpliendo su objetivo. Ya se sentía "mayor".


Era un trabajo duro, sacrificado; pasé muchísimo frío en invierno, muchísimo calor en verano, mis manos dejaron de ser las suaves manos de un niño para convertirse en manos duras, llenas de callos, agrietadas... Eso no importaba, creía estar haciendo lo correcto. Atrás dejé a Cervantes, a Einstein, a Mozart, a toda esa gente que me decían ser importantes en la Historia en esas clases de instituto tan aburridas. Ahora solo me importaba aprender a usar un taladro, una atornilladora, una radial y transformar lugares diáfanos en viviendas, en las que posteriormente vivirían familias enteras. 


Después de siete años en la obra, y otros tantos en el mundo laboral, una persona muy importante para mí (mi chica), me hizo reflexionar con una arenga que no olvidaré nunca. Sus palabras fueron: "Está muy bien lo que haces. Nunca nadie te ha regalado nada. Todo lo que tienes, te lo has ganado tú con tu esfuerzo y tus manos, y te admiro por ello; pero ahora te hago una pregunta. Cuando nuestros hijos el día de mañana te pidan ayuda con sus deberes, con algún trabajo o simplemente te pidan que les enseñes a dividir, a multiplicar, te pregunten de dónde viene nuestra cultura, nuestro idioma..., ¿qué les esperas responder si no has estudiado más que el funcionamiento de una atornilladora y un taladro? Tienes una inteligencia increíble, eres persistente y todo lo que te propones lo consigues. ¿Por qué te conformas con lo que tienes? ¿Por qué no lo aprovechas para mejorar, para saber, para ser cada día mejor y trabajarte un futuro digno?".


En ese momento, esas palabras, esa mirada sincera y penetrante, capaz de fundir el hielo, esa sinceridad, esa "bofetada" de realidad, fue lo que me hizo pensar: ¡Eh! ¿Te vas a conformar con esto? 


Al día siguiente, rellené mi solicitud para conseguir el Graduado en E.S.O. y, a día de hoy, en el segundo y último año (espero), aquí estoy. Con ganas de comerme el mundo, de aprender, de evolucionar, de demostrar que uno puede, de salir ahí fuera y sentir que estoy por el buen camino; pero, sobre todo, de poder ayudar a mis hijos el día de mañana a entender las clases que un profesor les da, sentados en un pupitre, en fila de a dos, en clases tan aburridas que más tarde, harán que las eches en falta.


Aprovecho también, para elogiar a profesores como tú, que consiguen darle la vuelta al mundo de la enseñanza y convertirla en apetecible, en amena, en imprescindible, convertir una clase de Comunicación en una charla entre compañeros y, al fin y al cabo, conseguir que gente como yo consiga sus objetivos, sus metas y, por qué no, sus sueños.



Texto: Ramsés Andrés (4 de diciembre de 2014)

Imagen: Banco de imágnes del INTEF (MECD) (http://recursostic.educacion.es/bancoimagenes/web/)